En adelante – Marcos Perearnau

ENADELANTE

A veces en el divague con otros sentimos que nos encontramos.
Tenemos la sensación de que estamos en algún lugar de las palabras”.

Un grupo de jóvenes amigos, seis en total, se reúne con ningún fin en particular salvo el de pasar el rato en compañía. Por mero azar, uno de ellos tiene acceso a una colección de armas de fuego, que reparte en el grupo. Este pequeño gesto comienza a desencadenar en los protagonistas, que poco a poco se van volviendo uno, una serie de intuiciones revolucionarias que pasarán a seguir al pie de la letra, pero sin estar seguros del cómo ni el porqué. Así comienza En adelante del dramaturgo Marcos Perearnau, un hilarante retrato de las pasiones irracionalmente desmesuradas de la juventud y su posterior caída. Porque claro, la fuerza visceral de esas pasiones siempre es efímera y etérea.

Así es como estos jóvenes amigos que se vuelven uno (ya que el narrador se desdibuja luego de tan solo un par de páginas y pasa a conjugar exclusivamente en plural), a fuerza de actitud y armas de fuego toman al mundo por el cuello y lo ponen de cabeza. Se dan cuenta de la fragilidad real del statu quo; de que efectivamente, con un poco de voluntad (para bien o para mal) pueden crear sus propias reglas. Los muchachos se mudan juntos y comparten una camioneta (una “chata”) a la que llaman la Oca (porque todo es un juego, que sólo sigue adelante si es divertido de jugar). Comienzan a perpetrar secuestros express para financiar sus “operaciones secretas”, que consisten básicamente en sobrevivir a base de infinitas cervezas y parrilladas, cada tanto voltear y arrojar al río alguna garita de seguridad, y por sobre todas las cosas: “divagar”.

Las acciones de los jóvenes empiezan a desencadenar todo tipo de conclusiones absurdas por parte de los medios de comunicación, y otras tantas por parte de la vasta opinión pública. En un abrir y cerrar los ojos, para su propio asombro, los muchachos se vuelven una leyenda urbana viva. Una esperanza de revolución para el aburrido estatismo burgués contemporáneo. El problema es que, como admiten los propios jóvenes, el resto de la gente parece saber mejor lo que están haciendo que ellos mismos.

La novela de Perearnau, que él mismo llevó al teatro, devela esa infaltable cuota infantil, lúdica y vehemente, detrás de las grandes mentes revolucionarias, ya que esa chispa viva y maleable de la juventud es fundamental para mantener el espíritu alto ante un mundo capitalista omnipresente que parece haber arrasado con todo en su camino, que los observa con parsimonia desde cada aviso publicitario, desde cada producto manufacturado que consumen, desde el dinero que (roban y) utilizan, desde la ropa que llevan puesta y el auto que manejan; los observa con la prepotencia de quien ya se sabe vencedor.

Con el paso de los días la reputación del grupo crece y se vuelve internacional; un día vuelven de divagar y se encuentran con su casa destruida, por lo que deciden pasar a vivir en la chata y que su casa sea el mundo. Se van de gira por el interior del país (“quinientas” semanas en una provincia, otras “trescientas” en otra), y terminan por cruzar a Chile desde Bariloche, donde son cálidamente recibidos por consejos universitarios y otros grupos de izquierda, que apoyan y a la vez fomentan su causa. De allí en adelante, el resto de Latinoamérica se vuelve un festín de interacciones absurdas donde los muchachos, además de formarse (excéntricamente) como individuos en el proceso, tienen la posibilidad de jugar un partido de fútbol con Evo Morales y compartir un divague con el Subcomandante Marcos, entre otras cosas.

Valiéndose de la ironía y un ritmo narrativo igual de inmediato y compulsivo que la actitud de sus personajes, Perearnau construye una deliciosa novela (a su vez acompañada por las infantiles ilustraciones de Lino Divas que hacen juego) donde un anacronismo socio-histórico sirve como reflejo para una juventud eternamente contemporánea que parece no encontrar rumbo.

Por Santiago Martínez Cartier

***

La adaptación teatral se presenta todos los sábados de octubre 22.30 hs, en Espacio Cultural Pata de Ganso (Zelaya 3122 – Abasto)

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